Chinampas virtuales  

Las horas se debilitan en la noche, se amodorran, se quedan paradas, se hartan de chapulines hasta asquearse, se inclinan mareadas, se voltean y así las sorprende la punta de la mañana.

Las lágrimas que mojan mejillas no llegan al piso, y aquellas que lo hacen juran que no existe tal curvatura.

Una pestaña da cuenta de horas atrapadas por la dermis con el único propósito de quebrantar vanidades.

Los chapulines se recuperan y las horas adelgazadas se reincorporan evaporándose en la mitad de la tarde.

Un grito de mariachi ebrio me alcanza desde el televisor para destruir mis chinampas, mi espejo periférico no duda en calcar sus (¿mis?) realidades.

Los chapulines se rascan, la tarde se muere, mis ojos se inundan, el piso voltea, las pestañas me espantan las horas, el mariachi duerme, la televisión no descansa y mi espejo, mi espejo incansable recrea mis chinampas con bosquejos de otras tardes.


Xotlatzin

Lunes 24 de septiembre de 2007; 20:58 hrs.


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No me fatiga la tempestad sino la náusea (Séneca).